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Lunes, 25 de septiembre de 2017
Luis Martin Santos
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LUIS MARTÍN-SANTOS - EL ESTILO

La novedad estilística de Tiempo de silencio está vinculada a las restantes novedades, temáticas, estructurales y técnicas, que no hubieran sido posibles con el estilo de, por ejemplo, Luis Romero, Cela, Sánchez Ferlosio o Juan Goytisolo, por citar ejemplos señeros. Pero dicha novedad está determinada, también, por un propósito de renovación prosística, justificada en sí misma, en cuanto enriquecimiento de la lengua literaria. Hay, pues, en Tiempo de silencio, una patente desviación de la norma estilística vigente en torno al año 1962. Tal desviación, además de hacer extraña la realidad reflejada, persigue un lenguaje artístico inédito.

El distanciamiento con relación a la prosa novelística de su momento lo llevó a cabo Martín-Santos de manera tan absoluta que se convirtió en oposición frontal. Su estilo puede considerarse como una imposición de la dificultad culta frente a la llaneza, del artificio verbal frente a la estricta funcionalidad lingüística. De esta manera, un lenguaje a medio camino entre lo periodístico y lo coloquial fue sustituido por otro, abiertamente artístico, hermético a veces, con abundantes reminiscencias literarias.

Como en casos anteriores, tampoco aquí Ulysses constituye la única inspiración de Martín-Santos. Probablemente procede de éste la alternancia de diferentes procedimientos estilísticos. Es posible, incluso, que uno de los estilos más característicos de Martín-Santos, el que se suele llamar "retórico", o "barroco", fuese sugerido por la imitación que hizo Joyce de algunos modelos de prosa latina. Pero, en todo caso, su influencia es indirecta, más sugeridora de rumbos a seguir que de recursos específicos a imitar .

Por ejemplo, un modelo explícitamente confesado por el novelista lo constituyen los prosistas latinos. Refiriéndose a una reseña escrita por Torres Murillo, dijo que "entendió mucho mejor que otros las leyes de mi sintaxis y supo encontrar sus más arcanos fundamentos en la literatura latina clásica"(l0). Esta declaración la confirma el análisis estilístico. En otras palabras, Martín-Santos acudió a modelos clásicos, y procedió a latinizar su lengua, en actitud que recuerda a diversos creadores de entre los siglos XV y XVII.

Tal latinización se produce preferentemente en el ámbito sintáctico, y, secundariamente, en el léxico y fraseológico. En donde mejor se aprecia este fenómeno es en la presencia de períodos extensos, es decir, construcciones cíclicas formadas por una sucesión de prótasis y apódosis. Esta compositio, rara en el género novelístico e inexistente en la prosa cronológicamente próxima a Tiempo de silencio, constituye una de las audacias de Martín-Santos. Sobre todo si se tiene en cuenta la frecuencia de tales períodos y su exhuberancia, motivada ésta por la proliferación de prótasis y apódosis (con sus respectivas subdivisiones), incisos e hipérbatos, congeries e isocolon, es decir, figurae habituales en los prosistas latinos.

La sintaxis de Tiempo de silencio, sin dejar de observar la corrección idiomática, emplea formas sin vigencia actual, es decir , cultiva la vetustas, lo que revela una singular voluntad de originalidad. Igualmente, sin dañar la rectitud, Martín-Santos se sirve con frecuencia de la licencia de la oscuridad, en parte por preciosismo, en parte, también, como medio de estimular al lector .Por último, varias figuras de las señaladas responden a un evidente propósito de ornato. Vetustas, oscuritas y ornatus son virtudes elocutivas nítidamente definidas en la retórica, con ayuda de las cuales es fácil describir el estilo de Tiempo de silencio en lo que atañe a la construcción sintáctica.

Respecto al léxico, destaca su notable enriquecimiento por medio de recursos variados: reminiscencias literarias, vocablos científicos, extranjerismos, neologismos, metáforas y procedimientos elusivos que evitan el término desgastado. Esta actitud exigente produce un elevado enaltecimiento lingüístico.

Pero en esta novela, junto a un estilo elevado, aparecen el medio y el humilde, de forma que tal coexistencia estilística constituye otra de las peculiaridades de Tiempo de silencio. Bastará con recordar las manifestaciones de la lengua familiar (la dueña de la pensión, doña Luisa, Amador), la existencia de argot (Cartucho), o las prevaricaciones lingüísticas de Muecas. Esto quiere decir que la actitud del autor hacia la lengua cotidiana no implica rechazo, sino supeditación a designios expresivos. Toda la novela deja traslucir una actitud vigilante hacia la lengua. Del estilo de Martín-Santos se podría decir , como hizo Borges a propósito del de Quevedo, "que está regido por una austera desconfianza sobre la eficacia del idioma".

La materia de que se compone Tiempo de silencio es una realidad plural y heterogénea, porque, esencialmente, la novela es una síntesis de lecturas. Martín-Santos ha procedido del modo que propugnaban los humanistas del Renacimiento: como las abejas, volando por los huertos de los autores dignos de imitación. En el plano formal, asimila, esencialmente, prosa latina, Cervantes y otros narradores, españoles y extranjeros. En el plano ideológico la generación del 98, Ortega, Sartre y Marx (11). A ellos habría que sumar otros autores que dejan una huella más pequeña. Así se comprende que la distancia entre la novela de los años cincuenta y la de Martín-Santos sea tan considerable.

Inmediatamente después de Tiempo de silencio la narrativa española modifica su rumbo. Se perciben cambios radicales en la estética de autores como García Hortelano, Caballero Bonald, Juan y Luis Goytisolo, Juan Marsé, Concha Alós, etc. Por otra parte, cultivan formas variadas de experimentalismo Jorge C. Trulock, Vázquez Azpiri, Ramón Nieto, Guelbenzu, Daniel Sueiro, Gonzalo Suárez y otros. Ni Cela y Delibes se sustraen a un ambiente donde prevalecen las rupturas narrativas, las complicaciones verbales, las digresiones teóricas o las superposiciones temporales y desde ahí hasta los más recientes intentos de la denominada antinovela.

Posiblemente la ruptura que ocasionó Tiempo de silencio aceleró ese proceso de cambio. Es probable, también, que en varios novelistas se puedan conjeturar influencias parciales de Tiempo de silencio: la especulación histórica en Juan Goytisolo, la reflexión sobre la ciudad en Luis Goytisolo, el gusto por la subordinación compleja en Alfonso Grosso. y así sucesivamente. Pero no parece que nadie haya mantenido la esencia novelística de Martín-Santos, tan fácil de explicar como difícil de imitar. Aclararé este punto con una pequeña divagación.

Para Camilo José Cela sería lo más sensato definir la novela como "todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título, y entre paréntesis, la palabra novela" (12). En el otro extremo conceptual, Ortega y Gasset la había caracterizado como género difícil y limitado. Escribió: "Es un error representarse la novela (...) como un orbe infinito del cual pueden extraerse siempre nuevas formas. Mejor fuera imaginarlo como una cantera de vientre enorme, pero finito. Existe en la novela un número definido de temas posibles" (13).

En una imaginaria polémica, posiblemente Martín-Santos estaría más cerca de la visión restrictiva de Ortega que del ilimitado optimismo de Cela. Dos razones pueden inducir a pensar así. La primera es la deuda filosófica y epistemológica del novelista con respecto a Ortega. La segunda es el desdén que mostró Martín-Santos hacia los vanguardismos. En la escena del café habla despectivamente de "los restos de todos los fenecidos ultraísmos, las palabras vacías de Ramón y su fantasma greguerizándose todavía a chorros en el urinario de los actores maricas" (p. 80). En la citada entrevista a Janet W. Díaz comenta muy fríamente las aportaciones del "nouveau roman" francés: "la nueva novela francesa me parece estéril y preciosista".

Tiempo de silencio no es un relato vanguardista. Se apoya en una arquitectura tradicional y en el equilibrio de sus principales componentes: narrador, personajes, acción y descripciones. El autor los ha diseñado ayudándose de modelos pretéritos, a la vez que los ha enriquecido con un estilo muy elaborado, de inspiración latina. Por último, ha puesto el relato al servicio de una reflexión sobre el individuo y la sociedad, al modo de una novela-ensayo. Es decir, una intención ideológica precisa gobierna el relato y, por lo tanto, la selección de sus recursos técnicos. De manera que la audacia de Tiempo de silencio reside en una labor paciente de asimilación y decantamiento, realizada con muy pocas estridencias. 28 años después de su publicación, Tiempo de silencio, con independencia de los valores que cada lector quiera otorgarle, es un producto singular , no sólo con respecto a lo anterior, sino también con respecto a lo que vino después.

Alfonso Rey
Universidad de Santiago de Compostela

*Notak

(10.) Declaraciones recogidas por Janet W. Díaz, en el artículo mencionado en la nota 1. El Estudio de Torres Murillo mencionado por el novelista es "Luis Martín-Santos: Tiempo de silencio", El Diario Vasco, 5 de junio de 1962.
(11.) He tratado de analizarlas en Construcción y sentido de "Tiempo de silencio", Madrid, 1988 (tercera edición), pp. 157-58.
(12.) "Algunas palabras al que leyere", Addenda a Mrs. Caldwell habla con su hijo. Cito por Obra completa, VII, Barcelona, 1969, p. 972.
(13.) Obras completas, Madrid, 1947, III, pp. 388-89.

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